Poesia, historias, cuentos y algo más...

Aquí podrás plasmar lo que te dicta el corazón, compartir sentimientos o simplemente dar un vistazo a los trocitos de alma que otros han dejado en forma de versos…

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28.04.08

Continuación "A Través del vacío" (Por Moranonn)

De repente estaba en la cima de la montaña. Debajo, solo se veía un piso de nubes oscuras. Una masa informe que se sacudía al ritmo del viento gélido y pestilente, muy parecida a las plaga de pequeñas criaturas que transmitían la maldad. Por encima, un cielo sin color ni estrellas, que no era el cielo. Hasta el suelo que pisaba carecía de vida. La tierra y las piedras tenían un aspecto estéril y seco, como si le hubieran extraído toda su sustancia, su vitalidad. Poco a poco empecé a contemplar el alrededor, aunque no había nada para observar. La inmensidad del vacío en el que me encontraba me carcomía el espíritu, me llenaba de inseguridades y temores. ¿Era este el futuro que nos esperaba a todos? ¿Sucumbir en el infierno? ¿Transformarnos en otro par de ojos desquiciados pronunciando sonidos guturales en una caverna? Durante un mínimo instante me deshice de la fuerza que oprimía mi mente, esperando que alguna respuesta viniera desde algún lugar, tal vez de parte de los monarcas. Pero seguramente estos no eran sus dominios, nunca podrían ayudarme tan lejos de la frontera y de la batalla.
Tan pronto como ese instante acabó y la fuerza diabólica se apoderó de mí nuevamente, un relámpago iluminó la escena con un terrible fulgor que azotó mis ojos. Y lo vi. Allí estaba.
En la cúspide de un monte lejano, tal vez a miles de vidas de distancia, tal vez más cerca de lo posible, estaba el mal. Su silueta erguida, gigantesca y temible. Sus brazos abiertos como saludando a un ejército que clamaba por su comandante. Los rayos y relámpagos fustigaban el cielo absolutamente negro, iluminándolo con destellos de formas grotescas y terribles, sucedidos por ensordecedores truenos, que hacían temblar la montaña, la cual daba la impresión de desmoronarse con cada estruendo.
Su presencia, por sí misma muy perturbadora, cubría el vacío con un manto de tensión y escalofríos. El aire comenzó a oprimirme aún más. No podía mover mis brazos, ni mis pies, que ahora estaban apoyados con fuerza sobre el suelo pedregoso, a tal punto que sentía como las filosas piedras se clavaban en mis plantas desnudas. Tampoco podía cerrar los ojos, ni siquiera parpadear. Estaba predestinado a ver y oír a la fuente de toda la maldad y el terror que estaba asolando al mundo. Y aunque estaba claro que el mal antes de carcomer las almas y destruir las esperanzas, atrae, seduce y tienta, no tenía la certeza de sus maneras. No había forma de saber si estaba listo para enfrentarlo y repelerlo antes que intentase penetrar en mis pensamientos. ¿Sería capaz de crear una barricada mental que frenase las intromisiones del mal? ¿Cuánto tiempo podría resistir sus embates y sus tentaciones si nunca había sido preparado para sus ataques?
La sensación de no poder moverme, de sentir que el cuerpo no respondía a ninguno de los impulsos que a través de mi mente intentaba transmitirle, se tornaba dolorosa y desalentadora. Todos y cada uno de mis músculos adquirieron una rigidez fuera de lo común al luchar, vanamente, contra la fuerza que los inmovilizaba, agotando todas mis reservas de energía.
De pronto las montañas comenzaron a acercarse como si dos manos invisibles y gigantescas las empujasen con una furia descontrolada una contra la otra. Las moles de piedra eran arrastradas como si apenas tuvieran peso propio. A medida que las cimas se aproximaban, pude notar que la silueta estaba de espaldas, como si mi presencia en aquel lugar, nada menos que sus dominios, no significase la más nimia amenaza. No tenía por que ser otra manera. ¿De que manera podía hacer mella al poder maligno si ni siquiera era capaz de dominar mis pensamientos?
Por cada centímetro que la maldad se aproximaba, más y más crecía la sensación de que mi corazón era aplastado por dos fríos y mohosos muros atraídos uno hacía el otro. La mente no cesaba en su afán de tapar todos los resquicios posibles -que eran muchos- para que el vacío reinante en aquella desolación no se apoderara de mis pensamientos. Pero el vértigo aumentaba segundo a segundo y mi frente se cubrió de un sudor pestilente, una especie de combinación de adrenalina y temor, mientras aquella sombra terrible ya casi estaba al alcance de mi mano. Incluso crecía en mí una inexplicable y tremenda ansiedad de extender el brazo y tocar el mal. Una ansiedad que se convirtió en un sentimiento aún más difícil que contener que los propios empellones de la maldad para entrar en mi mente y mi cuerpo. Pero antes que pudiese hacer algo, la silueta comenzó a girar al mismo tiempo que la tensión y rigidez de mi cuerpo se extremaron. Finalmente, el velo oscuro que tapaba a la maldad se desvaneció y quedé cara a cara lo siniestro. Al fin y al cabo, pude conocer el rostro de la entidad que intentaba someternos a todos. Un antiguo dicho reza sólo contemplaremos los ojos del demonio cuando nos viene a buscar y que eso es algo terrible. En aquel momento, el dicho se cumplió en parte, aunque no estoy seguro si cuál fragmento del dicho hubiese preferido que se cumpla y cuál no. En fin, tan sólo se hizo realidad en parte porque el simple hecho de que el demonio que venía a buscarme no me arrastró a ningún lado, pero vaya si me aterroricé. Aquel rostro que contemplé era en verdad espeluznante. Era mi propia cara.

Continuará.

® Morannon

  • Creado por  supernova79 Creado por supernova79
  • Posteado en 22:49:37

Contra la maldad Cap. 2 "A Través del vacío"

“Desde donde estoy parado veo dolor sufrimientos y miserias,
Cuanto más observo, menos creo”

Día tras día y noche tras noche, la lucha contra la horda maligna se hacía cada vez más dura. El campo de batalla estaba cubierto por una mezcla de barro y carne putrefacta que despedía el olor del mismísimo infierno. Día y noche peleando contra un ejército diabólico que en vez de disminuirse, cada vez parecía más numeroso y poderoso.
Nos preguntábamos de donde sacaríamos la fuerza para derrotar a la maldad. Nos preguntábamos si los Monarcas, al percibir nuestro más que seguro fracaso, acudirían en nuestra ayuda para brindarnos el poder salvador o la clave para doblegar la ira del tirano oscuro que se escondía detrás de la invasión de los soldados del infierno. Nuestro espíritu era aún fuerte como la roca más dura que se esconde bajo la tierra, pero sabíamos que esa convicción no duraría por siempre. El mal, como el resto de las fuerzas que nos gobiernan, actúa de muchas maneras. Distrae, tienta, seduce, corrompe y destruye los corazones. Y tarde o temprano seríamos víctimas de su influencia. Y fue entonces que el mal comenzó a actuar.
Varios de los elegidos comenzaron a flaquear, cayendo ante las tentaciones de la oscuridad suprema. Podía percibir sus mentes cayendo en la oscuridad, en el vacío que terminaría gobernándonos si resultábamos vencidos en esta gran batalla.
Poco a poco, las murallas de la fortaleza que defendíamos comenzaban a ceder ante la arremetida de los portadores de la fetidez. Y comencé a temer. Y ese temor dejo entreabierta una puerta en mi mente para que el señor del mal atacase mi moral. Me costaba concentrarme en mis tareas, en mi lucha. Mis defensas mermaron hasta que caí en sus garras.
En un momento en que me había tomado un descanso para recobrar energías antes de seguir la pelea, mis pensamientos se nublaron por completo, mi vista se desvaneció, no podía oír con claridad todo cuanto se decía alrededor. Algo comenzó a andar mal, sentí que mis pies se despegaban del suelo y la sensación de un vuelo vertiginoso en el que mis pensamientos fluían en un ritmo frenético se adueño de mí voluntad de ser. En un instante estaba al borde de los muros que separaban el mundo de lo que ya no lo era.
A pesar de que luchaba fieramente contra esa fuerza maligna que tenía como propósito hacerme cruzar la frontera, algo me impulsaba dar el paso hacia la nada, la devastación, la misma fuerza que me hizo unir a la batalla. ¿Era éste un paso necesario?¿Debía dejarme llevar por la maldad hasta su guarida?¿Sería capaz de regresar o mi alma sería condenada al destierro en la inmensidad del lodo de la destrucción?. Mi mente seguía su viaje a través de los campos de la muerte, árboles marchitos y enfermos, ruinas de grandes ciudades aplastadas por vientos y llamas, extensos mares de sangre oscura y espesa pasaban bajo mi mirada aterrorizada, el cielo cambiaba de colores rápidamente, amarillos, rojos y finalmente negro, la más profunda de las oscuridades.
En ese limbo de vacío y locura sentía como las almas corruptas por la maldad vagaban en un estado de dolor y sufrimiento terrible, sofocante, eterno. Me habían invitado al infierno y no había podido librarme del sentimiento de curiosidad, tenía que saber como era. Entonces me di cuenta que así como todo lo que veía y percibía me parecía repugnante, existía una parte de mí que deseaba permanecer ahí.
El viaje continuó hasta que la oscuridad se hizo tan densa que no podía respirar y en ese momento pensé que era el final. Definitivamente, la maldad había hecho su trabajo a la perfección, contagiando un guerrero más, debilitando la resistencia de quienes habíamos sido convencidos por los Reyes luminosos de ser los elegidos para derrotar el poder oscuro. Estaba aprisionado en el vacío, de nada servían mis armas, que no podían penetrar la sombra que me oprimía con fuerza demencial.
El vértigo se apoderó nuevamente de mi excursión al infierno, tornándose en un brusco ascenso hacia la cima de una montaña fría, árida y desierta. Suspendido en el aire, en medio de una carrera demencial, la interminable ladera iba quedando atrás mientras un helado viento erosionaba y deformaba mi cara, produciéndome un dolor insoportable, como si mi rostro fuera a destruirse en mil pedazos. A medida que trepaba el frío se hacía mas intenso y podía sentir como una capa de escarcha cubriendo mi cuerpo, me estaba congelando, aunque por dentro mis entrañas hervían en un calor ácido que me consumía la vitalidad.
Y no estaba sólo. En la ladera de la montaña había cuevas, un sinfín de cavernas que podía distinguir a medida que ascendía. Cuevas lóbregas e inmundas, de las que lo único que resaltaban eran innumerables pares de ojos. Miradas hostiles e inquisidoras que desde la sombra acechaban. Podía oír su respiración animal, un sonido áspero y gutural que lejos de armonizar, presagiaba la violencia e insanidad de las criaturas que se ocultaban tras esos ojos enrojecidos que perforaban el espesor del manto lúgubre del lugar. ¿Hombres? ¿Bestias? ¿Ambos? No lo supe en ese momento y no me entusiasmaba averiguarlo.

Continuará…

® Morannon

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  • Posteado en 22:46:02

20.04.08

Tu recuerdo (por Reina de Corazones)

Hoy es el primer día que te recuerdo, pero no de la misma forma. Aquella vez, me fui en lágrimas, y creí que el mundo dejaba de girar. Sin embargo, no. Estoy frente al espejo de mi cuarto, y creo haber encontrado la mujer que fui. Alegre, siempre con una sonrisa y dispuesta. Pero hoy no es un día más en mi vida. Creo que detrás de la mirada que me observa, este reflejo es el que más me gusta. Es el reflejo que más quiero que perdure. Así lo siento, por eso….por eso sé que no es un día como cualquiera, porque este reflejo, deja ver la mujer que quiero ser hoy. Estoy convencida. Ya lloré tantas veces, que logré superar las lluvias de enero. Y mis heridas en el alma, cicatrizaron. No significa que no estén más…están, pero son invisibles a mi vista. Sé que con el tiempo, pueden abrirse, uno nunca sabe que nos deparará la vida, pero hoy estoy decidida a darme una oportunidad. Esa oportunidad que hace mucho espero. Y es por eso que no guardaré si quiera, una ínfima posibilidad de que aparezcan nuevamente.
Por eso simplemente me dejo llevar. Me cepillo el cabello, y hasta me parece que tiene otro color, otra luz. Tomo el polvo, y lo esparzo por mi rostro. Luego, el labial, hace lo suyo. Al levantar la vista veo que unos ojos inocentes y tiernos buscan mi complicidad. Entonces, acaricio suavemente mis párpados, que se tiñen de un celeste muy cálido. Tal cual el color de cielo hoy. Abrocho el último botón de mi blusa, y enérgicamente me incorporo. Mi falda está impecable, y la frente la llevo bien alta.
Estaba en lo cierto. Hoy no era un día como cualquier otro. Sé que te recordé, pero ya no con una grieta en mi alma, sino con la esperanza de poder llegar a ser feliz, sin tu presencia.

® Reina de Corazones 04/04/08

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  • Posteado en 14:23:17

12.04.08

Continuación "Pandemonium" (Por Moranonn)

....

Repentinamente, sentí el impulso de salir, pero ¿por qué?, ¿qué se suponía que podía yo hacer para frenar la demencia que se estaba apoderando de toda la gente? ¿Acaso sería capaz de dominar mi propia lucha interna? ¿Acaso sería capaz de dominar mis propios miedos, mi propio terror? Claro que no lo era, pero el impulso persistió y alimentó mis venas con una especie de falso coraje que no era propio de mí y que me puso ante una situación límite, un dilema que debía resolver en un tiempo que, evidentemente, no tenía.
La maldad debía ser enfrentada de alguna manera, lo sabía, pero no creía ser la persona más indicada. Además que podría hacer yo sólo si las calles hervían de esas criaturas malditas, una marea negra que todo lo cubría, y la gente contagiada por la terrible epidemia se volvía en contra de los sobrevivientes, si es que aún quedaba alguien al margen de la locura.
Sin embargo y a pesar de mis profundos temores la puerta se abrió y la dejé atrás y empecé a correr sin dirección alguna por las calles. En medio de toda esta confusión pude notar que nadie me veía o nadie me prestaba atención y eso me facilitó escaparme entre la vasta tropa de cuerpos poseídos. ¿Por qué estaba siendo ignorado? Una pregunta totalmente irrelevante dada la situación. A pesar de pasar desapercibido, el miedo se intensificaba con cada minuto que transcurría. Todo se había transformado en un verdadero pandemónium del cual no me creía capaz de poder huir, había cuerpos que yacían en el suelo por todas partes, víctimas que habían sido consumidas por esas inmundas criaturas que ennegrecían la piel. Y muchos de aquellos que parecían fuertes ante la maldad caían de repente y ese era el destino que seguramente me esperaba. Corrí y corrí hasta que por fin llegué a una estación de ferrocarril y por un momento supuse que la llegada de un tren podía salvarme. Pero en el preciso instante en que la caravana de hierro se detuvo ante mí pude advertir que las ventanillas estaban recubiertas completamente de color negro y en ese instante me di cuenta que dentro del tren nada se encontraba con vida.
Las puertas del tren estaban a punto de abrirse y ya podía sentir como rugían las hordas del mal, hasta podía oler la putrefacción que había dentro de esos vagones. Estaban prestos ha salir y arrasarían con todo lo que había en esa estación, incluyéndome a mi. Me sentí vencido, acabado. Me arrodillé en el andén, con mi cabeza gacha y cerré mis ojos esperando que todo termine, que la maldad que estaba consumiendo a todo el mundo, hiciera exactamente lo mismo conmigo.
Las puertas se abrieron cediendo a la presión de las bestias y una nube de insectos avanzó sobre mí. Podía sentir miles de pequeñas patas desplazándose sobre todo mi cuerpo, incapaz de generar alguna reacción. Miles de insectos que producían un zumbido ensordecedor que me estaba volviendo loco. Miles de insectos pujando por ingresar en mi boca y en mis oídos y algunos lo hicieron. Creí que era el fin, pero nada ocurrió. Las criaturas no podían hacerme daño y poco a poco se fueron alejando hasta desaparecer. Y fue en ese momento, donde todas mis fuerzas habían flaqueado, que el rumbo de las cosas comenzó a cambiar.
Aquello que no se sabía si era día noche, pareció iluminarse y convertirse en una soleada mañana. El tren desapareció, se esfumó. El cielo se abrió en aquella estación y junto con un suave brillo los tres monarcas descendieron con toda su presencia. Ante mí asombrada mirada, se hallaban quienes seguramente podían traer la salvación a mi ciudad y quizá al mundo entero.
Pero para incrementar aún más, no solo mi sorpresa, sino también mis más profundos temores, los reyes no habían venido justamente a combatir la maldad en persona como se suponía, sino que venían portando la palabra que aseguraba que sólo los humanos podríamos acabar con este infierno viviente. Y había aún más. Yo era uno de los elegidos, y había sido protegido por sus poderes para permanecer a salvo mientras ellos llegaban a este lugar. Pero una vez que los reyes se retirasen mi destino y el de mi gente, estarían en mis manos, ya no sería protegido por su halo de piedad y sabiduría.
Entonces los monarcas pusieron en mi poder unas piedras luminosas, mis únicas armas contra la locura maléfica que sometía todo lo que encontraba a su paso. Las piedras despedían una luz que acababa con el mal, aunque las personas que habían sido contagiadas no podían ser salvadas. Tan sólo desaparecían unos instantes después de que el haz de luz los tocaba. La luz esmeralda, extraía la maldad de las mujeres, el destello de zafiro era para arrancarla de los hombres y el haz color rubí para los niños.
También me dotaron con el don de poder percibir quienes estaban siendo consumidos por el mal, para no dañar a las personas sanas, aunque no quedaban muchos de ellos. Por último me comunicaron que pronto me reuniría con otro grupo de elegidos, que ellos pasarían por mí para emprender el viaje hacía lo que sería el campo de la última batalla. Luego me desearon suerte y me dijeron que no olvidase la importancia de la misión que me había sido encomendada.
En un instante, la duda sobre el día y la noche volvió a ser plena, y la luz de los reyes se fue perdiendo junto con ellos en lo alto del cielo, hasta que desaparecieron por completo. Puse las piedras en mis bolsillos y esperé casi en guardia, aunque ya no había signos de la maldad en la estación. Era como si se estuviesen reagrupando en otro lugar y fuesen a emprender una especie de procesión hasta el lugar donde se libraría la guerra final.
Todo estuvo calmo hasta que sentí el chillido de las ruedas de un vehículo. Justo en ese momento, una camioneta apareció. En ella había, casi una docena de ocupantes, los cuales tenían rostros familiares. Cada uno traía en sus manos tres piedras. Sin preguntar absolutamente nada, me subí, sabía que debía hacerlo y así emprendimos el viaje que nos separaba de la gloria o la perdición. Nadie dejó escapar una palabra durante el trayecto, aunque todos parecían tener claros sus pensamientos. Gloria o perdición.

Continuará…

® Morannon

  • Creado por  supernova79 Creado por supernova79
  • Posteado en 16:21:49

Contra la maldad Cap.1 "Pandemonium"(Morannon)


“Perdóname padre, perdóname madre, se que he pecado y no guardo remordimientos.
Visiones del Apocalipsis pasan por mi cabeza, hoy estamos, mañana no.
Me siento enfermo, me siento mareado, la tormenta vendrá,
En el nombre de Dios, yo soy el elegido”


¿Qué estaba haciendo en aquel lugar, en tan amplia desolación? ¿Por qué todo parecía no tener sentido en ese instante? Al parecer existía algún motivo, algún destino cargado de morbo e ironía que precisaba de mí en el áspero vacío. Pero de pronto, aquel vacío desapareció, mejor dicho, se disfrazó de algún lugar familiar. Sí, parecía mi hogar y aunque tal vez todo fuese la antesala de la nada, en ese momento me invadió una profunda curiosidad que recorrió mi cuerpo y que solo me hizo pensar en movilizarme de un lado a otro hasta que llegué cerca de la ventana y aquella curiosidad se tornó insoportable.
Algo me llamaba desde afuera, como un clamor ineludible y cargado de un magnetismo frenético que generaba la certeza de que no era bueno lo que había allí afuera. Me sentí empujado a correr las cortinas y observar a través de esa ventana casi en contra de mi voluntad, aunque se muy bien que hablar de voluntades y libre albedrío en el estado en el que me encontraba era absolutamente en vano.
Al mirar, todo se confundió por completo en cuadro indescriptible. El día y la noche parecían ser la misma cosa. No había sol, pero tampoco brillaba la luna. La calle, que en principio se encontraba desierta, comenzó a poblarse. Todo simulaba estar en su debido lugar pero bajo una extraña calma.
Había un pesado manto de intriga y de conspiración en el aire y eso me preocupaba demasiado. Nació en mí un temor corrupto y agobiante que con el paso de los instantes se fue transformando en un miedo que paralizaba el cuerpo. Y una vez que ese velo de intriga cubrió absolutamente todos mis pensamientos, ya todo fue diferente.
Como si alguna presencia sobrenatural me hubiese provisto de poderosos lentes, comencé a ver y percibir la maldad dentro de toda esa gente. El daño del oscurísimo se hizo presente y sus criaturas invadían a cuanta persona alcanzaban y las transformaban en portadoras de su semilla y los cuerpos profanados no hacían otra cosa que perseguir a los sanos hasta que germinaban en ellos los vástagos del mal.
Por un momento creí ver algunos rostros conocidos, pero inmediatamente se perdían en una multitud que había iniciado una carrera caótica en todas direcciones. Esos rostros aparecían y se perdían una y otra vez. De repente, pude distinguir a alguien a la distancia, quizás un amigo. Corría desesperadamente perseguido por un enjambre de esas pequeñas criaturas negras, que parecían alguna clase de insecto. Trastabilló y cayó de espaldas. Trató de defenderse, pero fue inútil. En el mismo instante en que arrojó su último grito de espanto, una gran cantidad de insectos ingresó a través de su boca directo a sus entrañas y en pocos segundos su cuerpo dejó de moverse...
Para mi sorpresa y espanto a la vez, en cuestión de unos segundos más, aquel amigo se reincorporó, aunque si de algo estuve seguro en ese momento, es que aquel cuerpo erguido, ya no era quien yo creía conocer hace sólo unos instantes. Bastó con mirar sus ojos sin vida y con un extraño fulgor para saber que ya no era justamente vida lo que dominaba ese cuerpo. La maldad lo tomó para cumplir con su objetivo.
Después de mirar atónito y atentamente la escena desde la ventana, pude darme cuenta que, como si fuese una mueca del destino, la manera en que la maldad se iba desperdigando de una persona a otra es a través de un simple beso. Lo que se suponía que debía ser una muestra de afecto, se transformó en un engaño mortal, casi imposible de detener, ya que inmediatamente después de recibir la impronta del mal, algunos cuerpos resucitaban, pero otros directamente ardían y la carne se desintegraba poco a poco, hasta que los huesos quedaban a la vista y caían al suelo como un castillo de naipes arrasado por una simple brisa. Todos parecían marchar hacia una jaula que tarde o temprano abriría sus puertas para poseernos.

...Continúa en el proximo posteo

  • Creado por  supernova79 Creado por supernova79
  • Posteado en 16:15:50